miércoles, 14 de marzo de 2012

Jordi Alba, tras los pasos de Cesc y Piqué

Jordi Alba lo pasó muy mal cuando se fue, invitado a salir, del Barça. Fue al final de la temporada 2004-2005. Acababa su etapa de cadete y el de la Florida, un barrio de L'Hospitalet, vio como su aventura blaugrana llegaba a su fin. Es algo que ocurre cada año y cada año es igual de duro para quien lo vive en primera persona. En su caso lo fue para él y para los que le rodeaban, no solo sus padres, sino también sus compañeros, técnicos y, en definitiva, todo aquel que había compartido un rato con él.
Jordi Alba era un niño pequeño de estatura y enorme de corazón... y talento. Quería y era querido por todos. Pero en esto del fútbol poco importan los sentimientos. En su caso, sin embargo, contaron algo. Tras varios años en el fútbol base, al que llegó como benjamín de primer año pese a que desde el inicio jugó al lado de alevines, le llegó el momento de ser cadete. Iniciaba una etapa clave en su formación y, tras un año en el cadete B, debía pasar al A. En el Barça siempre fue extremo, aunque a veces lo hacía de interior. Pero seguía sin crecer lo suficiente. Solo su enorme calidad, el talento innato y la agresividad con la que se enfrentaba a rivales que le sacaban dos palmos (“se daba de hostias, en el buen sentido de la palabra, con todo el mundo sin importarle su edad o estatura, era muy competitivo”, recuerda un técnico de la época) le permitió seguir en el cadete B siendo cadete de último año. No existe ningún otro canterano que haya pasado por ello. Nadie recuerda en el fútbol base otro caso igual. Si no vales para el A siendo A, a la calle. El de la Florida tuvo una segunda oportunidad y, al acabar su etapa cadete, alguien pensó que no merecía una tercera. Decir ahora que se equivocó sería tan injusto como pensar que no lo hizo.
Lo único indiscutible es que Jordi Alba triunfa en el Valencia, uno de los mejores equipos de Europa. Para ello tuvo que dar un paso atrás que no lo fue. Se marchó al Cornellà dos temporadas. Fue gracias a Horacio Gaggioli, que siempre ha tenido una gran relación con el club del Baix Llobregat y su presidente, José Gálvez. Allí, vestido de verde, en el juvenil, volvió a ganarse el respeto de compañeros con su fútbol y personalidad. Poco a poco, olvidó el golpe que suponía no seguir vistiendo de blaugrana. También ayudó que Álex García, entonces seleccionador de las inferiores de Catalunya, siguiera contando con él, lo que le permitía mantener el contacto con sus ex compañeros.
Sus dos temporadas en la Vía Férrea le volvieron a abrir las puertas de un club de Primera. Estaba condenado a ello. Llegó el Valencia, lo que fue una gran noticia para el Cornellà y para el futbolista. José Tárrrega, que sustituyó a Gaggioli como su representante, acudió un día al club del Baix Llobregat también como intermediador del Valencia para llevarse a Jordi Alba. Fue una negociación dura y el presidente del club reconoce que lo pasó mal en cierto momento porque llegó a pensar que se rompían las negociaciones: “Apretaron bastante, pero yo lo que quería no era dinero, puesto que solo llegaron a pagar 6.000 euros por su traspaso. Yo sufrí por el jugador porque queríamos un buen contrato para él, para que no fuera flor de un día en Mestalla”. Solo el padre del jugador, Miguel, sabía de las negociaciones; Jordi estaba al margen. No querían distraerlo. Finalmente, todo acabó bien. Tanto para el jugador como para el Cornellà, que supo ver la proyección del futbolista. El contrato incluyó 150.000 euros que se harían efectivos cuando Alba lograse ficha profesional en el primer equipo, 6.000 euros más por debutar con la sub 21 y otros 12.000 por hacerlo con la absoluta. Además, se guarda un tanto por ciento en una posible operación. En total, 168.000 euros que ya han pasado por la caja del club de José Gálvez, al que no le cuesta decir que “al nuevo campo habrá que ponerle San Jordi Alba”.
El Cornellà le debe bastante al futbolista, aunque el jugador sabe que también el Cornellà fue clave para que acabase triunfando en el Valencia. El círculo puede cerrarse con su regreso al Barça, de donde tuvo que marcharse para crecer como futbolista y en altura. No mucho, puesto que Alba alcanza los 170 centímetros, una talla ideal para jugar en un equipo que, precisamente, se caracteriza por usar poco la cabeza en el sentido literal de la palabra. Jordi Alba, mientras espera el momento, es y hace feliz a quien le rodea.http://estaticos.sport.es/resources/jpg/1/3/1321127105331.jpg

No hay comentarios:

Publicar un comentario