El Chelsea está vivo. Muy vivo. Una semana le ha bastado a Roberto di Matteo para darle la vuelta al equipo. Como un calcetín, los londinenses han cambiado de la noche a la mañana y en apenas tres partidos, los `blues¿ han recuperado la credibilidad. A la clasificación para los cuartos de final de la FA Cup contra el Birmingham, le siguió una apurada victoria contra el Stoke City en la Premier y la espectacular remontada del miércoles contra el Nápoles, en la Champions.
Quienes pusieron en entredicho la entrega y profesionalidad de la vieja guardia durante la corta etapa de Villas-Boas al frente del equipo tienen ahora motivos para dudar de su falta de compromiso. Terry, Lampard y Drogba, tres de los 'blues power', señalados por la prensa inglesa como responsables de la destitución del portugués, han resurgido coincidiendo con el cambio de entrenador y, casualidad o no, fueron los autores de los tres primeros tantos contra el Nápoles, con lo que el Chelsea igualaba la eliminatoria. La clasificación se consumó en la prórroga con el gol de otro veterano, Ivanovic.
Di Matteo, que al acabar el partido saltó del banquillo como un poseso y se abrazó efusivamente con todos sus pupilos esquivó, como pudo, las cuestiones acerca del juego de la vieja guardia del equipo. “La actuación del equipo entero ha sido sobresaliente y no solo por parte de los jugadores veteranos, sino por parte de todo el colectivo”.
El Chelsea, hoy, se ha revestido del espíritu de aquel equipo que Mourinho relanzó en el fútbol inglés y que causó respeto en Europa. Único club inglés vivo en la Champions, ahora se le teme como hace unos años. “Necesitábamos demostrar en el campo que podemos hacer las cosas bien”, admitió Petr Cech, en tanto Ruud Gullit apostó ayer porque a Di Matteo no se le busque sustituto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario